domingo 8 de enero de 2012

ETA, nacionalismo e Iglesia

Esta entrada es bien polémica, pero me parece muy interesante, intensa para la gente inteligente, aunque azuze la tontuna de los tontos. Si dejamos que la tontería de otros nos haga matizar nuestras palabras habremos sido alcanzados por ella.

“1968 es un año clave en la historia de ETA. En él la organización planifica la primera acción que busca la muerte de una persona.

B1 era por aquel entonces miembro de la rama armada en la organización. (…)

-¿Pero, ¿tú eras consciente?

B1: “Sí, sí, sí. Yo llevaba una pistola pero decía: llevo una pistola para que me maten.”

-¿Y eso cómo se vive?

B1: “Joder, con más problemas que la puñeta. Yo, cuando me libero, cuando me escapo de casa, yo tenía mis serios prejuicios ante el asesinato, ante la muerte. Curiosamente, estoy recién escapado, escondido en Aulestia, en la misma habitación que utilizó el autor de Muerte en Murélaga. Allí la leí yo, en casa de D. Emilio Kortabitarte (…). Allí mismo, hablando con el cura, con D. Emilio, que era un hombre que había conocido la guerra civil y con una visión de estos problemas pus, si quieres, muy requeté: Si existen estos problemas y el pueblo no se puede liberar, lo que hay que hacer es usar las armas, y que la auténtica violencia es la de la represión, y no sé qué, no sé cuántos. Y luego yo le planteo estos problemas a un cura más joven que todavía vive y le digo: ‘Mira, yo tengo un problema’. Yo en esos momentos era creyente, dos meses después ya no. Le digo: ‘Yo tengo este problema, yo dispuesto a morir estoy, dispuesto a matar,… tengo mis serios problemas’. Entonces, el otro, en vez de hacerme un discurso, me dijo: ‘No te preocupes, te doy la absolución en todos esos casos cuando quieras’. Y fue tan, tan así…, tan poco trascendente, tan gratuita, tan ligera la contestación, que dije: ‘Bueno, pues no debe ser tanto problema para matar.’

Milan Alcedo: “Militar en ETA”, Haranburu, San Sebastián, 1996, p. 147-148

3 comentarios:

  1. El trozo que extraes en tu blog me parece ilustrador. Matar es inaceptable, y aunque el perdón siempre es posible, igual que el arrepentimiento, no se puede hacer justo su uso (aunque sí justificar, que muchos lo confunden). Viendo la serie sobre el Cardenal Tarancón caimos en la cuenta mi mujer y yo la poca importancia de ser sólo el quinto mandamiento, ¿no te parece?

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  2. Fuiste tú quien me habló de la misericordia de Dios como nadie me había hablado antes, es uno de los muchos conceptos que me has dejado clavados en la mente durante el tiempo que tuvimos la ocasión de vernos con regularidad. Cuando me hablaste de la misericordia de Dios me di cuenta de que ésta, es tan llana y simple en su forma como compleja en su fondo. Obviamente este etarra tenía la mente desviada en aquel momento, pienso que apuntó bien, pero que el virus ya lo tenía corrompido por dentro. Creo que aquel "cura joven" dio en el clavo, porque en la misericordia de Dios puede ser así de sencilla, y así de complicada... Creo.

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  3. Estimado Laurarojc, querido Ramón:
    Vuestros comentarios son profundos, y me han hecho pensar mucho. Todos los mandamientos tienen una sola base: el amor de Dios, tal y como Cristo los resumió. Matar es inaceptable, como pecado, irreparable para el hombre. Solo Dios puede dar el perdón a quien tiene que pasar por la experiencia de que se asesine a un ser querido. Al mismo tiempo, Dios solo nos pide una cosa, solo una, de la que proviene el resto: decir que Sí, como dijo la Virgen, vivir el vértigo de reconocer su Presencia. En el corazón de todo hombre hay un deseo de felicidad que, como todos experimentamos, nada de este mundo puede llegar a saciar. Todo finalmente se descubre como un ídolo que promete lo que no es capaz de cumplir. Sin embargo, esto solo puede ser verdaderamente comprendido por quien tiene una experiencia real, por la Gracia, de Cristo. Ese decir sí arrastra, como el agua busca los atajos en pendiente para salir al mar, al arrepentimiento. No se trata de un moralismo del tipo: tienes que arrepentirte, sino de una experiencia de amor que conlleva, llanamente, al arrepentimiento como una experiencia grande, también de Gracia. De la misma manera el arrepentimiento llama al perdón, lo exige sin tener justificación para ello, como el contrapunto natural, inmeditato, de la experiencia del amor de Dios. La posición de ese cura se salta la dinámica del afecto humano al alzarse él, el cura, como dispensador de la Gracia, a lo que no tiene derecho ni capacidad. La misericordia de Dios es sensilla, sencillísima, pero no puede saltarse lo humano, lo único que Dios no puede, porque así lo quiso, es saltarse la libertad del hombre.

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