Un libro bello, inteligente y provocativo es Walden de Thoreau, que la editorial "Libros de la Frontera" ha publicado con el muy interesante ensayo "Del deber de la desobediencia civil", también divertido e inteligente en estos tiempos de discursos hueros pero vehementes.
Os dejo un pequeño fragmento de Walden:
"La mayoría de los hombres llevan una vida de queda desesperación. Lo que se dice resignación no es más que desesperación confirmada. De la ciudad desesperada huyen al campo vacíos de ilusiones, y ha de consolarse con la bravura de los visones y las ratas almizcleras. Hasta los llamados juegos de la Humanidad ocultan un desaliento tan constante como inconsciente. No cabe solaz en ellos, por que éste viene sólo después del trabajo. Pero es señal de sabiduría no desesperar de las cosas."
Yo me pregunto en voz alta, ¿qué nos librará de la desesperación? ¿Por qué todo puede llegar a provocar esa sensación como de arena entre los dientes? ¿Vivir la vida consiste en evitar a toda costa el mirarla a la cara, y así estar siempre huyendo de ella? ¿Es la felicidad algo al margen de la vida, que aparece cuando logramos escapar de ella? ¿Podemos esperar amor la vida y tener días felices?
viernes 6 de agosto de 2010
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¡Qué hermosísimo fragmento! Mi primer contacto con "Walden" tuvo lugar en 1989, gracias a las citas que recitaban los jóvenes protagonistas de "El club de los poetas muertos". Creo que para muchos el film de Weir fue un hito: contribuyó a abrir una rendija en un mundo que nos fascinó y que no hemos abandonado. Bastantes años más tarde leí "Walden" en la traducción de Lastra y Alcoriza. Al asombro que me provocó (¿pero cómo puedo desconocer tantísimos nombres de especies vegetales y animales?) se unió una refrescante sensación de libertad y de conciencia de sí que Thoreau consigue contagiar a quien le acompaña a los bosques. ¡Feliz mes de agosto, Marcelo!
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