sábado 31 de octubre de 2009

Cómo devolver la autoridad a los profesores

Devolver la autoridad a los profesores es imposible.

Algo nos pasa cuando creemos que la manera de devolver la autoridad a alguien consiste en ponerle una porra en el cinturón. Quizás que no sepamos lo que significan las palabras. Quizás que vivamos en una sociedad crecientemente totalitaria.

Deseo explicarme: es un acto de justicia proteger al débil, y generar mecanismos de defensa que estén al servicio de quienes se hallen en una posición de fragilidad. Los profesores de educación secundaria y bachillerato tienen hoy una de las labores más delicadas de nuestra sociedad, puesto que están cargados con una gran responsabilidad y carecen de la libertad y de los instrumentos necesarios para responder a dicha presión. Además, para colmo de males, se encuentran expuestos a la agresividad y malicia de los adolescentes.

Adolescentes que, permítanme decirlo aunque no sea políticamente correcto, viste, hablan y se mueven como si la raza española estuviese sufriendo una acelerada regresión a formas homínidas previas al homo sapiens. Ya sé que generalizar es asegurarse errar, pero que cada uno tome de la salsa la cantidad que apetezca. En general, carecen de gusto, no han sido educados en la pasión por la realidad, son anodinos y sensibleros, incapaces de generar preferencias vitales más allá del consumo, desconfían de la grandeza de la vida y del hombre y tienen un campo de intereses que cabría en el armario empotrado de una ratonera. Por supuesto, no es sólo culpa suya. Una caterva de políticos, pedagogos, moralistas de salón (de izquierdas y de derechas), profesores inútiles, padres prófugos y demócratas morbosos (que diría Ortega) y muchos, muchos estúpidos liberales que creen en la neutralidad de la razón y no consideran apropiado transmitir su tradición, se han conjurado, con descarada alevosía, para constituir la mayor generación de ignorantes que hayase visto transitar como gañanes por las profundidades rústicas de Castilla. La culpa, especialmente, para los bárbaros que nos gobiernan, tan mal, desde hace tanto tiempo.

Se le ocurre a nuestra Consejera de Educación,en Andalucía y ante este status quaestionis, decir públicamente y sin que se le caiga la cara de vergüenza que la sociedad reclama más seguridad a cambio de menos libertad. ¡Franco! ¡Franco! Y se le ocurre a la Presidenta de la Comunidad de Madrid reclamar que se proteja a los profesores considerándoles, a efectos de las agresiones, funcionarios públicos. Ya digo, esto último es de justicia; pero no, no es la solución. Es como si yo denunciara que me están robando y la policía me regalase una pistola. Defenderé con ella mi vida, si mal me veo, pero esa no es la solución.

La autoridad no puede ser devuelta desde el poder. La autoridad es una conquista. La autoridad no se concede. En todo caso cuando se ve se reconoce. Necesitamos profesores con autoridad, y para que ésta se dé hacen falta dos cosas: capacitación y maestros.

En cuanto a la capacitación, es necesaria en todos los niveles educativos. Un amigo mío, muy inteligente, dice que es profesor de bachillerato porque no está preparado para ser profesor en primaria. ¿Y cómo capacitamos a los profesores de primaria? Con pedagogía: lo que quiere decir, hoy en día, darles técnicas y más técnicas, es decir medios. ¿Para qué fin? ¿Para llegar adónde?

Lo de los maestros es más difícil. Requiere universidades libres, abiertas, de las que carecemos. Requiere testimonios de humanidad, que es nuestro sector menos productivo. Sólo puede ser autoridad quien sigue a alguien que lo es para él. Sólo se reconoce una vida grande si se anhela, si se busca, si se quiere, y si se encuentra. Ahora estamos enviando a niños LOGSE, con un bañito de pedagogía, al aula, a enseñar. Como no saben les damos más y más recursos, que es como aguachinar a un hidrófobo. Como no son reconocidos por sus alumnos como autoridad, les ponemos un policía en la puerta. ¿Se ganarían más el respeto de los chicos si les ponemos en el pecho una estrella de cinco puntas, si los hacemos sheriff? Las aulas tienen barrotes en muchos colegios, no sé si se les habrá ocurrido ya el poner detectores de metales, y pronto se someterá a los alumnos a regímenes de visita y a trabajos para reducir su condena. ¿Hasta dónde creen que se puede llegar por ese camino?

Protejan, protejan a los profesores, por favor, que no les casquen más, y ya, de paso, dimitan, a ver si de una vez viene alguien que sepa lo que se trae entre manos.

2 comentarios:

Athena dijo...

Gracias por esta estupenda entrada. Estoy por imprimirla y ponerla en todas y cada una de las aulas de mi instituto.

Un fuerte abrazo desde Murcia para los dos :)

saroide dijo...

Qué interesante, me ha gustado mucho esta entrada :)

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